miércoles, 16 de septiembre de 2009

Sensaciones que resisten el paso de los años.

David es uno de esos chicos guapos que saben que son guapos. Vive solo y tiene un trabajo de esos que recibes tanto dinero que no sabes qué hacer con él.
Pero David nunca es feliz del todo. Sabe que le falta algo, y cada vez más.
Le falta amor.
La última novia a la que David quiso de verdad fue en el instituto. Pero después ellas fueron cayendo rendidas a sus pies una a una, y su parte ingenua e infantil fue suprimida por la de egocéntrico y egoísta.
Aún así, cada vez que vuelve la vista atrás recuerda una mirada.
La recuerda a ella. Recuerda su nombre, su cara, su pequeña sonrisa y sus ojos chocando contra los suyos en un instante imperceptible. Era divertida, alegre y abierta, pero nunca lo fue con él. Había dado con una chica tímida.
Recuerda aquellos momentos de instituto en los que se cruzaba con ella por los pasillos, se sonreían y ella susurraba un “Hola” mientras sus mejillas marmóreas tornaban a escarlata.
Y nunca llegó a besarla. Nunca llegaron a quedar a tomar un helado, ni a dar un paseo por el parque. Nunca llegó a notar su piel a menos de diez centímetros de la suya. Y ambos sabían que algo ocurría entre ellos.
Pero lo que David no sabe es que ella todavía recuerda el primer instante en el que se miraron. Recuerda cuando él subía las escaleras y ella estaba sentada en un escalón, y miró hacia arriba y él la estaba mirando, y siguieron mirándose hasta que la interrumpieron para ir a la siguiente clase. Ella todavía sabe que alguna magia extraña recorrió el instituto aquel día.

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