lunes, 26 de octubre de 2009

Cuando la pasión vale por dos.

Me miró con cara de deseo. Con sensualidad. Con una pasión que hizo que todo mi cuerpo respondiera a un solo impulso: besarla.
Nunca antes había besado a una mujer. Nunca antes había sentido esa atracción sobre alguien de mi mismo sexo. Nunca antes había pensado que mi tendencia sexual estaba algo desorientada. Nunca.
Sin embargo, lo que Sandra significó para mí desde el primer día en que la conocí fue demasiado fuerte como para hacer caso omiso a nuestra atracción fatal.
Era mi compañera de piso. Desde la primera vez que cenamos juntas no tuvo ningún inconveniente en decirme que era lesbiana, cosa que despertó en mí una curiosidad felina que no sabía muy bien cómo interpretar.
Poco a poco, mi sed sexual fue aumentando de tal manera que no podía evitar sentarme al lado de la puerta del baño cuando ella se duchaba e inspirar el vaho que salía de allí, mientras que por mi mente aparecían fugaces imágenes en las que me imaginaba cómo sería que nos besáramos, cómo sería liberar ese deseo hacia ella que me dominaba constantemente y me pedía a gritos, como una bestia encerrada en una jaula, salir al exterior.
Sandra era para mí una ventana abierta a un mundo completamente desconocido para mí. Nunca pensé que podía tener tal instinto animal hasta que me atreví a besarla.
Era un sábado por la tarde, acaba de terminar de fregar los platos cuando oí un ruido detrás de mí, a apenas unos centímetros de distancia. Me giré y me la encontré frente a mí, con media sonrisa en la cara, mirándome, entre excitada y divertida.
- Sé cómo me miras últimamente –fue lo que me dijo.
- ¿Cómo? –pregunté yo, con una voz sorprendentemente segura y seductora.
Me atrapó con los brazos y acercó su boca a la mía.

domingo, 18 de octubre de 2009

Elena se resiste a ser feliz.

Bueno Elena, levántate.
No llores, es bueno soñar con él, aunque ya no esté.
Tranquila, respira hondo. ¿Ves? ¿No te sientes mejor?
En el salón está aquella botella de whisky que te regaló Sergio. Es un whisky caro, ¿sabes? De esos que se abren solamente para una ocasión especial. Pero bueno, consideremos que cualquier momento es especial, así que no te lo pienses y abre la botella.
También sé que escondes un pequeño secreto en una cajita que hay escondida en un cajón de la mesita del salón, la que tiene la lámpara y las fotos de papá y mamá.
¿Esas pastillas no las compraste tú, verdad? Ay, menos mal. Entonces son las que se dejó aquel chico que vino hace tres semanas, el amigo de Dan, ¿a que sí?
Pues he oído por ahí que mezclar alcohol y pastillas no es bueno. Dicen que tu cuerpo empieza a ir mal, que notas una sensación rarísima.
Pero, ¿qué haces? ¿Así, tres de golpe? No, no, Elena, eso no está bien. ¿Por qué lo has hecho? Claro, aprovechabas que estaba contándote los efectos para que no me diera cuenta. Hay que ver, Elena, eso no me ha gustado nada.
No bebas tanto. Ten cuidado. Con calma, la vida es demasiado larga. Saborea ese whisky.
Vaya cara que se te ha puesto. Estás más pálida de lo normal, y mira que tú eres pálida. Y vaya ojeras te han salido. Creo que sería mejor que llamaras a alguien por teléfono. ¿Me oyes?
No cierres los ojos, tú háblame. Mira, hasta Ches ha venido a ver qué te pasaba. Ya no sonríe, sabe que estás mal.
No te entiendo, Elena. Haces esto varias veces al mes sólo porque sabes que volverás a ver a Antonio, ahí tirada en el suelo, vomitando, entre tus delirios. Deberías contárselo a alguien.
Pero para sincerarme contigo, hoy te estás pasando. Mírate, parece que estás agonizando.
Esto cada vez va a peor, me estoy empezando a preocupar, Elena.
Te has librado, listilla. ¿Ya abres los ojos? Estás en una ambulancia. Has tenido la suerte de que Lucía dormía hoy en casa. El médico ha dicho que podrías haber muerto. No sabes cómo estabas… y mejor que todavía no te mires al espejo, porque tienes una cara…
Pero Elena, yo es que no consigo entender por qué no quieres pasar página.
¿Por qué no quieres ser feliz?

martes, 13 de octubre de 2009

La adrenalina de la Gran Depresión.


-Me gustan las armas de fuego y los coches rápidos.
Tenía los labios como el carmín, y la mirada felina clavada en mí.
- ¿A usted no?
Era guapa, inteligente, una mujer de armas tomar. Sabía que, o tomaba las riendas de la conversación, o se apoderaría de mí.
- Mi querida señorita, parece que nos vamos entendiendo un poco mejor.
Tenía una mente tan bien ordenada, tan calculadora y atenta… Su ingenio junto con mis ambiciones, mis sueños, nos llevarían lejos. Lograría lo que siempre había soñado.
- Me llamo Bonnie Parker.
- Yo soy Clyde. Clyde Barrow.

lunes, 12 de octubre de 2009

Época agridulce.

Es una de esas épocas con sabor agridulce.
Sí, esas en las que todo te sale bien, pero a tu alrededor ves que no todo es alegría.
Esas épocas en las que parece que el mundo se ha puesto de acuerdo para que te sientas bien, que no te preocupes por nada y que todo sea estupendo… Pero parece que les ha quitado ese sentimiento a unos pocos. Y eso no te gusta.
Has conocido gente nueva, has recibido noticias maravillosas y ese chico que ves todas las mañanas en el metro te reconoció por Gran Vía y no pudo evitar invitarte a tomar un café.
Estás feliz, eufórica. Sientes que nada en este mundo te puede impedir que hagas algo.
Y por otro lado, Dakota quiere irse de Madrid porque no aguanta más. Y Paula se replantea tener al bebé. Y Dan deja de tomar tazas de chocolate caliente y su aspecto cada vez es más frágil, y sus ojos azules de color cielo se ponen muy tristes y no puedes impedir que llore. Y Lucía piensa que tarde o temprano, Álex y ella volverán a aquella relación casi apagada.
Y tú entonces piensas: “¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento tan llena pero tan vacía a la vez?”

¿Quieres saber qué es lo que pasa?


Es la magia de octubre.