lunes, 14 de septiembre de 2009

Noelia.

Noelia era una femme fatale, una puta con caché que robaba corazones y los hacía trizas como venganza, porque ella no tenía, se lo robaron y rompieron hacía tanto tiempo que sólo vivía para el sexo y su trabajo como alta ejecutiva.
Tenía el pelo azabache, rizado y largo hasta la cintura. Los ojos eran también negros, miraban con tal sensualidad que pocas palabras más bastaban para seducir a un hombre. Sus labios, siempre rojos, nunca dibujaban una sonrisa, pero sabían besar con esa pasión que hace que en cuestión de segundos la temperatura de tu cuerpo aumente varios grados más. Tenía una estatura media y el cuerpo cual guitarra. Vestía de manera elegante por el día, y por la noche salía a cualquier bar en busca de una presa fácil para calmar su sed de sexo.
Aún así, yo creo que Noelia siempre se sintió sola.
Cuando coincidíamos en el ascensor, siempre me invitaba a tomar un café a su piso, pero como vivíamos puerta con puerta, siempre terminábamos en el mío tomando zumo de manzana y pastas.
Mezclado con un poquito de tequila.
Fumábamos un cigarro juntas en el salón y me contaba lo triste que era su vida. Siempre terminaba llorando amargamente, diciéndome que no estropeara mi veinte años, que supiese diferenciar lo verídico con lo falso, que no me engañara el primer hijo de puta que pasase por mi lado, que nadie se merecía lo que le habían hecho. Claro, que aquello nunca me lo quiso contar. Ella, a sus cuarenta y siete años, decía que no tenía nada que hacer con su vida. Que ya no tenía tiempo para formar una familia, que no podría volver a enamorarse y que simplemente se divertía y esperaba a que la muerte fuera a visitarla.
Por eso, cuando hoy la policía ha llamado a la puerta a las seis de la mañana, sabía que era algo relacionado con ella y no conmigo.
Una camilla se llevaba a Noelia casi muerta. Se había tomado una caja entera de pastillas, pero el amante de aquella noche se había despertado justo cuando perdía el conocimiento.
Noelia había pensado que lo mejor sería ahorrar tiempo y sufrimiento y provocar ella misma su muerte fatal.

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