lunes, 28 de septiembre de 2009

El brillo de los ojos de Dakota.

Dakota últimamente estaba muy sonriente.
Cuando no iba a estudiar, cuando no trabajaba, cuando no iba a hacer una visita a su familia, iba a casa de Daniela, Sergio y Paula a ver películas.
Aquel día fui con ellos, y cuando la película terminó Dakota estaba tan llena de energía que la invité a casa a charlar, ya que últimamente no habíamos tenido tiempo.
Se sentó en el sofá negro, dio un trago a su zumo de piña y me sonrió.
- El hijo del jefe.
Yo di un sorbito al gintonic e hice sonar una sonora carcajada.
- ¡Lo sabía! ¿El moreno de pelo largo y rizado?
Dakota rió durante un buen rato mientras asentía.
Me contó lo típico: que si era una relación de amistad, profesional, que no salía de la cafetería y bla bla bla. Todo patrañas para no admitir que aquel chico la hacía reír como ningún otro desde hacía mucho tiempo.
Daba gusto ver que Dakota encontraba a alguien tan mágico como ella. Porque cuando alguien estaba con Dakota siempre tenía un brillo especial en los ojos, como de paz, como si encontrara solución a cualquier cosa. Como si todo fuera nada.
Y aquella vez en mucho tiempo era Dakota quien tenía ese brillo mágico en sus ojos.

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