En invierno todo está tan, tan frío, que creo que el poco calor que hay está detrás de mis manos (siempre frías), porque todo el invierno (todo, todo) lo paso con ese nudo en el pecho que dicen que tienen esos románticos que tanto me gustan. Y claro, con ese nudo y esta cabecita loca, me gusta sentarme en el sofá que está al lado de la ventana y pensar en cosas tontas (para variar), situaciones de esas que sólo ves en las películas. Vamos, cosas típicas de mis diciembres.
Pero luego, como yo soy así, despierto, y entonces esa idea muere. Desaparece. Ya no existe. Es como si por pensarla, no pudiera realizarse jamás en mi realidad. Y me enfado. Y fumo. Fumo muchísimo. Fumo tanto, que a veces llego a odiar al invierno.
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CARMEN CIGARRO
ResponderEliminarpero mucho, muchísimo. Demasiado. Así pasa, que luego no se te ve el pelo en los recreos...
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