Oye tú, ojos tristes, me gusta cuando tocas la guitarra. Sí, tú que te crees que nadie te oye, pero yo no soy tonto y sé cuándo tocas la guitarra, porque vuelves con los ojos rojos de llorar, pero contenta. Y aunque suene raro, así estás más guapa, porque sé que por mucho que lo intente, a la única a la que le cuentas tus cosas es a tu guitarra, y no con palabras, sino con gestos y caricias y acordes y notas sueltas, y vuelves al salón y me miras con esos ojos gatunos y tristes, y me sonríes tímida, y eso es gracioso.
Y aunque te pida que esta noche me des un concierto privado, sé que no me lo vas a dar, porque sé que lloras cada vez que la acaricias, y cuando te vas de casa y me apetece sonar música, las lágrimas que se han caído de tus ojos grises se han secado, pero quedan ahí como caminos hacia ninguna parte, y sé que has vuelto a tocar alguna canción bonita de esas que sólo sabes tú.
Como te decía, ojos tristes, me gusta cuando tocas la guitarra.
Y aunque te pida que esta noche me des un concierto privado, sé que no me lo vas a dar, porque sé que lloras cada vez que la acaricias, y cuando te vas de casa y me apetece sonar música, las lágrimas que se han caído de tus ojos grises se han secado, pero quedan ahí como caminos hacia ninguna parte, y sé que has vuelto a tocar alguna canción bonita de esas que sólo sabes tú.
Como te decía, ojos tristes, me gusta cuando tocas la guitarra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario