Sé que soy una tonta, que me gusta demasiado fantasear y nunca estoy en donde debería estar, pero es que he estado pensando cosas esta tarde taaaan bonitas, que tenía que decírtelo.
¿Te acuerdas cuando te comenté que tenía unas ganas locas de irme a Cantabria? Pues es que cada día lo voy pensando más y mejor, y la verdad es que creo que nos saldría bastante bien la cosa.
Cierra los ojos.
Dame la mano.
Ahora, quiero que te imagines una casita blanca en la costa cántabra. No hace falta que te describa la costa cántabra, ¿o sí? Bueno, las arenas son claritas, el mar está siempre gris y hay muchas nubes, y viento que las mueve, y si miras dando la espalda al mar, hay acantilados y montañas y mucho verde.
Pero centrémonos en que estoy en el porche de la casita. Y hace viento, y el cielo está blanco-gris, y el mar está rugiendo y quiere alcanzarnos, y huele a sal. A mí esos momentos de la tarde me gustan mucho, sobre todo si lo tomo con una taza de chocolate caliente, porque me gusta ver cómo el viento frío se lleva el humo caliente que sale de la taza, sin parar.
Y llegas tú por detrás y me abrazas, y me das un beso en la mejilla, y nos quedamos atontados mirando al mar, con mi taza de chocolate caliente sujetada por mis manos.
Pero ya es hora de pasar, que empieza a hacer frío y la arena empieza a levantarse por el viento y a enredarnos el pelo junto con las gotitas del agua del mar. Y luego me quejo porque no consigo desenredarme bien, y tú te ríes.
Y entramos en casa… y nos hacemos el amor.
¿Te acuerdas cuando te comenté que tenía unas ganas locas de irme a Cantabria? Pues es que cada día lo voy pensando más y mejor, y la verdad es que creo que nos saldría bastante bien la cosa.
Cierra los ojos.
Dame la mano.
Ahora, quiero que te imagines una casita blanca en la costa cántabra. No hace falta que te describa la costa cántabra, ¿o sí? Bueno, las arenas son claritas, el mar está siempre gris y hay muchas nubes, y viento que las mueve, y si miras dando la espalda al mar, hay acantilados y montañas y mucho verde.
Pero centrémonos en que estoy en el porche de la casita. Y hace viento, y el cielo está blanco-gris, y el mar está rugiendo y quiere alcanzarnos, y huele a sal. A mí esos momentos de la tarde me gustan mucho, sobre todo si lo tomo con una taza de chocolate caliente, porque me gusta ver cómo el viento frío se lleva el humo caliente que sale de la taza, sin parar.
Y llegas tú por detrás y me abrazas, y me das un beso en la mejilla, y nos quedamos atontados mirando al mar, con mi taza de chocolate caliente sujetada por mis manos.
Pero ya es hora de pasar, que empieza a hacer frío y la arena empieza a levantarse por el viento y a enredarnos el pelo junto con las gotitas del agua del mar. Y luego me quejo porque no consigo desenredarme bien, y tú te ríes.
Y entramos en casa… y nos hacemos el amor.

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