domingo, 18 de octubre de 2009

Elena se resiste a ser feliz.

Bueno Elena, levántate.
No llores, es bueno soñar con él, aunque ya no esté.
Tranquila, respira hondo. ¿Ves? ¿No te sientes mejor?
En el salón está aquella botella de whisky que te regaló Sergio. Es un whisky caro, ¿sabes? De esos que se abren solamente para una ocasión especial. Pero bueno, consideremos que cualquier momento es especial, así que no te lo pienses y abre la botella.
También sé que escondes un pequeño secreto en una cajita que hay escondida en un cajón de la mesita del salón, la que tiene la lámpara y las fotos de papá y mamá.
¿Esas pastillas no las compraste tú, verdad? Ay, menos mal. Entonces son las que se dejó aquel chico que vino hace tres semanas, el amigo de Dan, ¿a que sí?
Pues he oído por ahí que mezclar alcohol y pastillas no es bueno. Dicen que tu cuerpo empieza a ir mal, que notas una sensación rarísima.
Pero, ¿qué haces? ¿Así, tres de golpe? No, no, Elena, eso no está bien. ¿Por qué lo has hecho? Claro, aprovechabas que estaba contándote los efectos para que no me diera cuenta. Hay que ver, Elena, eso no me ha gustado nada.
No bebas tanto. Ten cuidado. Con calma, la vida es demasiado larga. Saborea ese whisky.
Vaya cara que se te ha puesto. Estás más pálida de lo normal, y mira que tú eres pálida. Y vaya ojeras te han salido. Creo que sería mejor que llamaras a alguien por teléfono. ¿Me oyes?
No cierres los ojos, tú háblame. Mira, hasta Ches ha venido a ver qué te pasaba. Ya no sonríe, sabe que estás mal.
No te entiendo, Elena. Haces esto varias veces al mes sólo porque sabes que volverás a ver a Antonio, ahí tirada en el suelo, vomitando, entre tus delirios. Deberías contárselo a alguien.
Pero para sincerarme contigo, hoy te estás pasando. Mírate, parece que estás agonizando.
Esto cada vez va a peor, me estoy empezando a preocupar, Elena.
Te has librado, listilla. ¿Ya abres los ojos? Estás en una ambulancia. Has tenido la suerte de que Lucía dormía hoy en casa. El médico ha dicho que podrías haber muerto. No sabes cómo estabas… y mejor que todavía no te mires al espejo, porque tienes una cara…
Pero Elena, yo es que no consigo entender por qué no quieres pasar página.
¿Por qué no quieres ser feliz?

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